
Su piel es de tela blanca, un remiendo de recortes.
Y en su corazón se ensartan alfileres de colores.
Por ojos un par de discos rayados en espiral
que emplea en hipnotizar a una multitud de chicos.
Mantiene en trance profundo
a un ejército de zombis.
Entre ellos incluso hay uno
que es nativo de Donosti.
Mas también sobre el pesa
una horrible maldición
pues cuando alguien se le acerca
demasiado, es un punzón cada aguja que se entierra
más hondo en su corazón.
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