Procedías de muy abajo, de los que no habían recibido nada, para quienes cada pequeña alegría era una conquista que se había de arrancar con la fuerza de los puños. Seguías luchando. Tu tarea no había terminado. Habías trabajado, con tus inquilinos, hasta que fuimos al colegio. Nuestro porvenir, a tu juicio, estaba asegurado. No el tuyo, no el de otras personas a las que te encontrabas cuando ibas a hacer recados por el barrio. Entre nosotros, con nosotros, no era bondad, era el amor materno. Ahora bien, había de ser bondad. No sólo bondad para los demás. No esperabas agradecimientos ni reconocimiento. Era necesario, era indispensable, que te sintieras buena. Y, después de los ocho días que pasé en la habitación de tu agonía, creo que por fin lo descubrí.
ya te hecho tanto de menos, intento autoengañarme pensando en que te volvere a ver, pero no, se que no es asi, no podre, me gustaria haber dicho y hecho tantas cosas que no pude... se que ahora estaras en un lugar mejor, y que acabo tu agonia, se que probablemente deba ser asi, no quiero aferrarme a la idea de que no, pero.... ojala no fuera asi, que llegara el proximo dia y fuera a visitarte, ahora solo podre ir a visitarte a un sitio, al que no me gustaria ir
por siempre te hechare de menos, nunca te olvidare...
Muy bonita tu entrada, se me han saltado hasta las lagrimas! :S
ResponderEliminarAnimate Joseda! ;)
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
ResponderEliminar